El giro brusco del clima a fines de diciembre terminó de cambiar el escenario productivo de la campaña de verano. Altas temperaturas y lluvias muy desparejas comenzaron a pasar factura, especialmente en el maíz de primera, mientras que la soja transita un panorama más heterogéneo y todavía abierto.

En la región de influencia de Fadisol, el impacto más fuerte se observa en el maíz temprano. Hay lotes que ya se están cosechando como grano húmedo con rindes que no superan los kg/ha 6.000 a 7.000, y otros que directamente no llegarán a completar su ciclo.

“Hay mucho maíz de primera que no se va a terminar cosechando”, explicó a Informe Tardáguila el Ing. Agr. Juan Foderé, director de la empresa, quien calificó el resultado como “una cosecha magra”.

Parte de esos cultivos terminó en micropicado, tanto por razones productivas como logísticas, mientras que la expectativa ahora se traslada al maíz de segunda, que ganó área y todavía depende de lo que ocurra en enero y febrero con las lluvias. 

En soja, el escenario es más variado. Según Foderé, se trata de un cultivo con mayor capacidad de adaptación. “Hay sojas con muy buen desarrollo y otras que sienten más la falta de agua”, señaló.

En ese contexto, sostuvo que todavía es prematuro anticipar un resultado definido: “No estamos para decir que va a ser una mala cosecha, pero tampoco una buena; todo va a depender del clima”.

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