El consultor agropecuario argentino Fernando Ravaglia fue el invitado central de la jornada Crecer en familia que organizó PGG Wrightson Seeds en el establecimiento El Coraje, de la familia Bove Itzaina, y expuso ante más de 700 personas en la carpa montada para la ocasión.
Desde Sarandí del Yí, Durazno
Con más de 30 años de trayectoria asesorando empresas familiares del agro, Ravaglia estructuró su charla en cuatro ejes que, según planteó, sostienen a cualquier empresa agropecuaria familiar, la pauta productiva, la administrativa, la organizativa y la afectiva, esta última definida por el propio consultor como "el cemento" que hace funcionar a las otras tres.
El consultor arrancó por el problema de la escala en campos chicos. "300 hectáreas y todos quieren tener su sembradora, su tractor, la trilladora, para hacer todo rápido (...) mirá una trilladora en 300 hectáreas no podés. Te fundís, no tenés escala, no terminás de pagarla nunca", advirtió. Como salida, propuso esquemas asociativos entre vecinos para compartir maquinaria, aunque aclaró que exigen reglas claras y trabajar con gente de confianza. "No metas en la bolsa al primero que pase", resumió.
También invitó a pensar más allá de la actividad extensiva tradicional. Relató el caso de un matrimonio de veterinarios que, en un cuarto de hectárea, producía abejas reinas híbridas y facturaba unos US$ 300 mil anuales, lo mismo que exigiría una escala mucho mayor en un esquema ganadero o agrícola convencional.
"Todo lo que se puede hacer sin tener que depender de las hectáreas tiene que ver con tu vocación, con lo que a vos te guste hacer y con la naturaleza que tenemos alrededor", planteó.
Para quienes no encuentran continuadores directos en la producción, ofreció una alternativa. Pasar de asesor a administrador del patrimonio familiar, aprovechando la confianza construida con el productor a lo largo de los años, mientras los hijos se dedican a lo que realmente les interesa.
La pauta administrativa, números sin excusas
Ravaglia fue especialmente duro con quienes evitan llevar números claros. Comparó esa actitud con no hacerse un chequeo médico por miedo al diagnóstico, y remarcó que la excusa de la inestabilidad política de la región no alcanza para justificar el desorden propio.
"Al desorden general le sumo mi propio despelote, seguro que voy a hundir el barco. Cuanto más desorden tenga, más ordenado tengo que tener mi barco", sostuvo.
Insistió en la necesidad de contar con presupuestos, control de gestión y objetivos definidos, sobre todo a la hora de resolver pedidos de renta o de sueldo entre hermanos, o decisiones de inversión, que sin información económica sólida quedan libradas a la improvisación.
Un capítulo aparte mereció la comunicación con los socios que viven en la ciudad. Ravaglia recomendó mantenerlos informados y hacerles llegar retiros periódicos para evitar sospechas. "Si ven que vos cambiaste la camioneta, que estás bárbaro, que te fuiste de viaje, y eso es nada, un buen día no aparecen ellos, te mandan un abogado directamente. Olvidate del afecto, porque ya están con los tapones de punta", advirtió.
Aclaró que esto no exige una formación sofisticada, sino idoneidad básica y, sobre todo, transparencia, ya que los verdaderos problemas aparecen cuando alguien administra con mala intencionalidad y oculta información al resto de la familia.
Su síntesis sobre los riesgos de una mala administración fue tajante. "Primero funde a la empresa y cuando terminamos de fundir a la empresa, se funde la familia. Porque estamos todos a las patadas. Olvidate después de haber fundido la empresa de que se quieran juntar para festejar un cumpleaños, un casamiento o lo que sea", dijo.
La pauta organizativa, planificar entre todos
Ravaglia definió a la improvisación como "fuente de peleas todos los días" y llamó a planificar de forma compartida entre todos los socios, sin importar si viven en el campo o en la ciudad.
Ejemplificó el conflicto clásico entre generaciones, con los hijos que están en el campo priorizando seguir creciendo e invertir, mientras los padres, ya mayores, quieren darse gustos postergados, como viajar, antes de que sea tarde. "Vos tenés 30 años, desgraciado, que yo tengo 70, ¿cuándo voy a empezar a viajar?", ilustró, entre risas del público.
La pauta afectiva, el cemento de todo el esquema
El cierre de la charla se centró en el vínculo afectivo entre los socios familiares, al que definió como la base que sostiene a las otras tres pautas en los momentos difíciles.
"Esas familias que tienen afecto construido se juntan, hacen como una coraza y salen a pelear todos juntos. Cuando el afecto no está, en un momento difícil son todas recriminaciones pasadas de factura", explicó.
Llamó a cultivar generosidad, solidaridad y confianza como un "ejercicio cotidiano", y advirtió que la confianza y el compromiso "toman años construirse y se destruyen en un momento".
Cerró con una analogía agrícola. Así como cultivar es darle a la tierra los cuidados necesarios para que fructifique, cultivar una familia empresaria implica darles a los sucesores educación y aprendizaje para el bienestar económico, bienestar afectivo individual, cohesión familiar como grupo y, si es posible, un impacto positivo en el entorno.


