
La zafra de otoño estuvo marcada por alta demanda de gramíneas, un brote de brusone que no fue poca cosa y materiales tolerantes que demostraron su valor.
La zafra de pasturas de otoño arrancó con fuerza y con un perfil claro: fue un año de anuales. La demanda de avena y raigrás fue “avasallante”, dijo a La Lechera Javier Frigerio, supervisor técnico de ventas de PGG Wrightson Seeds Uruguay. Según el experto, esa demanda estuvo iimpulsada por productores que se animaron a sembrar más superficie y apostaron a materiales más productivos. Marzo fue el mes de los anuales por excelencia, con gente haciendo comida temprano y de calidad.
“Los que se animaron a sembrar temprano quedaron conformes”, resumió.
Abril fue otra historia. Las lluvias complicaron las implantaciones y frenaron las cosechas que ya habían arrancado. La diferencia entre lo que entró en marzo y lo que se sembró en abril fue grande, tanto en condiciones de implantación como en resultado final. Sin embargo, el retraso del invierno y la llegada tardía de los fríos le dieron oxígeno a las siembras más ajustadas.
“Hay gente que sembró en junio con muy buenas implantaciones”, señaló Frigerio.
El otoño terminó siendo una zafra donde se sembró mucho y se cosechó menos de lo habitual, con gusto a que podría haberse vendido algo más de perenne.
El año del brusone
El capítulo sanitario estuvo presente en la zafra. El brusone —enfermedad fúngica causada por el hongo Pyricularia oryzae que ataca gramíneas como el raigrás, el trigo y el arroz, favorecida por alta humedad y temperaturas cálidas— tuvo una presencia inusualmente fuerte, con focos importantes en el este del país y extensión hacia el centro.
En algunas zonas del este las pérdidas fueron serias, con chacras que se habían implantado bien temprano y terminaron muy afectadas. En el centro el impacto fue más leve pero presente. “No fue poca cosa”, reconoció Frigerio.
Ahí fue donde los materiales tolerantes a brusone —que PGG Wrightson Seeds viene trabajando desde hace un par de años— mostraron su diferencial. La empresa ya los venía posicionando, sobre todo en el este donde hay más experiencia con la enfermedad, y quienes los habían adoptado vieron un comportamiento muy distinto al de los materiales susceptibles. “Los productores lo adoptaron y no creo que se olviden de este año”, dijo Frigerio.
Durante abril y mayo el equipo técnico recorrió chacras, generó información comparativa y la fue volcando en redes, lo que aceleró la adopción.
Lo que viene: alfalfa, maíz y una zafra que ya arrancó
Frigerio fue directo sobre algo que suele sorprender: las zafras ya casi no tienen pausa entre una y otra. “Parece mentira, pero no terminamos una y ya estamos entrando a la siguiente.” A junio, con la zafra de otoño todavía sin cerrar del todo, ya hay eventos, cotizaciones y primeros negocios para la zafra de verano.
Para la primavera, la señal más clara es una demanda importante de alfalfa en agosto y septiembre. El área de alfalfa ha crecido mucho y hay una ventana de fecha de siembra que no admite demoras.
Para verano, todos los indicadores apuntan en la misma dirección. Los precios de los cultivos y los valores de los insumos están dando para adelante, y la intención de siembra de maíz y sorgo se perfila como muy alta. El pronóstico de año Niño y las chacras que no tuvieron gramíneas en invierno son factores adicionales que empujan hacia más área de maíz de primera. “Todo el mercado está dando para que la zafra de maíz y sorgo sea bien promisoria”, dijo Frigerio.
En cuanto a la calidad de semilla disponible, el panorama es tranquilizador. La zafra de forrajeras fue de muy buena calidad y la primavera va por el mismo camino.
En verano la cosecha del año pasado no fue extraordinaria, pero los semilleros anduvieron bien y la oferta va a ser buena. La empresa llega además con novedades para el control de malezas, un tema que Frigerio subrayó como nada menor en la toma de decisiones de manejo.

