
Sofía Stirling y Claudio García de INIA presentaron en la jornada Experiencias de Riego en Trinidad el abordaje actual y la visión de futuro del instituto sobre el uso del agua en sistemas lecheros.
El bloque del INIA en la jornada Experiencias de Riego organizada por la Mesa Coordinadora de Campos de Recría dejó un diagnóstico claro: Uruguay está muy rezagado respecto a los principales países competidores en materia de riego en sistemas lecheros, y la información disponible para caracterizar la situación es todavía escasa.
La directora del Sistema Lechero del INIA, Dra. Sofía Stirling, presentó los datos más recientes disponibles, que corresponden a una encuesta del Inale de 2019. Según ese relevamiento, había 151 establecimientos con riego en Uruguay, de los cuales 116 remitían a la industria, con un área total de unas 1.400 hectáreas. “Es un porcentaje muy bajo de los productores”, señaló Stirling, quien también destacó que la principal fuente de agua utilizada es el pozo.
La comparación internacional es contundente. Mientras en Uruguay apenas el 5% de los sistemas pastoriles lecheros riega, en Nueva Zelanda ese porcentaje llega al 58% y en Australia al 55%.
“Estos países tienen niveles de carga y productividad más altos que Uruguay, y el riego seguramente sea buena parte de esa explicación”, dijo Stirling. Para la investigadora, el riego en Uruguay “se encuentra en una etapa incipiente y con potencial de expansión”, pero la falta de información pública limita la caracterización del sector y no permite saber, por ejemplo, si los productores que riegan acompañan ese salto tecnológico con aumentos de carga animal.
El abordaje actual del INIA se canaliza a través del proyecto Simpli, liderado por Fernando Latanzi, que estudia los Sistemas Pastoriles Lecheros Irrigados. Las conclusiones preliminares indican que los proyectos con riego aumentan la carga, la productividad y el ingreso de capital.
El Ing. Agr. Claudio García planteó una distinción clave sobre el objetivo del riego. “Siempre hay respuesta al agua de riego, pero si el objetivo es pasar la seca nos preparamos de una forma; si es producir en serio, tenemos que ir a otro sistema de producción”, afirmó.
Para llegar a potenciales de kg/ha 25.000 de materia seca de maíz como los que se alcanzan en el sur de la Pampa, o arriba de kg/ha 20.000 como en Brasil, “hay que regar en serio”.
En pasturas ocurre algo similar: con altas producciones el complemento de agua ya no son 200 milímetros sino 400, 500 o 600. “Todos los años hay que regar, incluso en los más lluviosos”, subrayó García.



