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Minerva Foods y Prolesa presentaron en la Expo Prado los resultados de un plan piloto de cría, recría y engorde de machos de razas lecheras. La experiencia terminó con 285 animales faenados, una ganancia diaria promedio de kg 1,1 y un margen de US$ 124 por cabeza.

Minerva Foods y Prolesa presentaron en la Expo Prado los resultados de un plan piloto que durante el último año y medio buscó responder a uno de los problemas recurrentes de los tambos: qué hacer con los terneros machos de razas lecheras.

La experiencia comenzó con siete productores y 300 terneros, bajo un protocolo común de alimentación y manejo, seguimiento técnico mensual, financiamiento de los insumos y un destino asegurado en la industria frigorífica. Al cierre del ciclo llegaron a faena 285 animales, con resultados que, según las empresas, muestran que existe una alternativa productiva y económicamente viable, aunque con una fuerte dependencia del manejo y de variables como el costo de la ración y el precio de la carne.

Juan Martín Urrutia, gerente de Hacienda de Minerva Foods, destacó que el proyecto también responde a una necesidad futura de la industria frigorífica.

“La industria hoy, ayer y mañana va a precisar más animales para faenar”, sostuvo, y recordó que existe un volumen importante de terneros machos lecheros que actualmente no llega a integrarse a la cadena de carne.

De un problema a una alternativa productiva

Mónica Diallutto, encargada de la Unidad de Negocio Venta de Ganado de Prolesa, explicó que el punto de partida fue una realidad que aparecía repetidamente durante las visitas a los establecimientos. 

“Siempre que visitamos a los productores nos plantean ese problema: cuando nace un ternero macho no saben qué hacer con él”, explicó.

A partir de esa inquietud, Prolesa estudió experiencias desarrolladas en Argentina y recibió aportes de técnicos argentinos y uruguayos. El objetivo fue adaptar un sistema que pudiera funcionar dentro de las condiciones reales de los tambos uruguayos.

La propuesta no se planteó como un ensayo aislado. Por esa razón, el piloto se realizó directamente en establecimientos comerciales. El objetivo productivo inicial era exigente: llevar el ternero hasta aproximadamente kg 400 en unos 11 meses, alcanzar un rendimiento de 53% y obtener alrededor de kg 200 de carcasa. 

Más de 20 productores manifestaron interés en participar. Finalmente se seleccionaron siete establecimientos y se incorporaron 300 terneros.

El protocolo estableció lotes homogéneos, con diferencias de edad no mayores a dos semanas, una disponibilidad de entre 80 y 100 metros cuadrados por animal, comederos de autoconsumo y acceso permanente a agua, sombra y abrigo.
La alimentación se dividió en tres etapas. La primera ración se utilizó hasta aproximadamente kg 150, con 16% de proteína; una segunda hasta kg 250, con 14%; y posteriormente una dieta de terminación, suministrada por las empresas Kilafen y Copagran. 

Prolesa realizó visitas mensuales para seguir la evolución de los animales y puso a disposición balanzas para aquellos establecimientos que no contaban con ellas. También financió la alimentación durante todo el ciclo, de manera que el costo se descontara al momento de la liquidación final.

Minerva, por su parte, aseguró la recepción de los animales una vez terminados, independientemente del número disponible para embarcar.

“Era fundamental tener el destino donde enviar esos animales. Si hacíamos todo el sistema y después no teníamos una salida, generábamos otro problema”, explicó Diallutto.

Ganancia diaria de kg 1,1

De los 300 terneros que comenzaron la experiencia, 3% murió y otro 2% tuvo un destino diferente. Finalmente fueron faenados 285 animales. Los terneros ingresaron al sistema con un peso promedio de kg 72 y permanecieron encerrados durante 295 días.

Al finalizar alcanzaron kg 393, lo que representó una ganancia de kg 321 durante el ciclo y un aumento diario promedio de kg 1,1.

Cada animal consumió en promedio kg 2.262 de ración, equivalentes a kg 7,75 diarios. Con un valor medio de US$/kg 0,32 para las tres dietas utilizadas durante el proceso, incluida parte del flete, el costo de alimentación se ubicó en US$ 724 por cabeza.

A ese monto se agregaron US$ 25 por sanidad, reparaciones y mantenimiento de infraestructura, y US$ 217 correspondientes a la etapa de guachera. De esta manera, el costo total utilizado para evaluar el sistema llegó a US$ 966 por animal.

Un margen de US$ 124 por cabeza

En frigorífico, los animales alcanzaron un rendimiento promedio de 53%, con kg 209 de carne por cabeza. Con un precio neto de US$/kg 5,22, la facturación promedio se ubicó en US$ 1.090 por animal. La diferencia entre ingresos y costos dejó un margen de US$ 124 por cabeza, equivalente a una rentabilidad de 13% durante el período evaluado.
Pero los promedios también escondieron diferencias importantes entre establecimientos. El seguimiento permitió identificar tres variables con fuerte incidencia en el resultado: consumo de alimento, precio de la ración y valor de la carne.

Dentro de esas variables, el manejo apareció como uno de los aspectos sobre los que el productor puede actuar directamente.

El manejo hizo la diferencia

Prolesa comparó los resultados de un productor que siguió estrictamente el protocolo con otro que tuvo un menor grado de cumplimiento. Las diferencias fueron significativas. El establecimiento que aplicó el protocolo con mayor rigurosidad necesitó 20% menos días de encierro y vendió animales 5% más pesados. Además, obtuvo 7% más kilos de carne y utilizó 15% menos ración.

La ganancia diaria fue 22% superior y la conversión mejoró 12%, es decir que se necesitaron menos kilos de alimento para producir cada kilo adicional de carne.

El resultado económico acompañó esa mejora productiva: el margen por animal fue 7% superior. Para Diallutto, los números muestran que la alternativa puede funcionar, pero también que no alcanza con encerrar los animales y suministrar alimento. El cumplimiento del protocolo, el seguimiento de los consumos y las pesadas periódicas son determinantes para capturar el potencial económico del sistema.

La experiencia también abre una alternativa para integrar dos cadenas que hasta ahora han tenido dificultades para encontrar una solución común para el ternero macho lechero.

Para Urrutia, existe una oportunidad de generar una “sinergia muy interesante” entre la producción lechera y una industria frigorífica que necesitará animales para sostener su actividad. 

Los resultados llevaron a Prolesa y Minerva Foods a avanzar este año hacia una nueva etapa del programa, ahora con el objetivo de consolidar el modelo y ampliar su escala. Diallutto señaló que actualmente participan más de 20 productores y que el programa ya alcanza unos 800 terneros.

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