Quilty (izq) junto a su señora Lou y el Dr. Mauricio Rodríguez durante la visita del australiano a Uruguay en 2024

Una propuesta para implementar un sistema de autoadministración de la cuota australiana de exportación de carne vacuna a China está ganando espacio dentro de la industria. La iniciativa fue desarrollada por el analista Simon Quilty, en respuesta al nuevo mecanismo de salvaguardia anunciado por las autoridades chinas, informó Beef Central.

En el caso de Australia, el cupo para 2026 fue fijado en 205.000 toneladas. Una vez superado ese volumen, las exportaciones quedarán sujetas a un arancel del 55%, un nivel considerado directamente prohibitivo por el sector. Sin un esquema de administración interna, existe el riesgo de que el cupo se complete muy temprano en el año —incluso hacia abril o mayo— bajo un sistema de “primero llega, primero entra”, dejando al mercado chino sin carne australiana, especialmente de mayor valor, durante buena parte del año.

La propuesta de Quilty plantea un sistema de cupos autogestionado por la industria, pero supervisado por el gobierno australiano, en el que las asignaciones se realicen en función del historial de envíos de cada exportador. Para 2026, el reparto se basaría en las exportaciones de los últimos 12 meses; en 2027, en un promedio de dos años; y en 2028, en un promedio móvil de tres años. De extenderse el esquema más allá de ese período, las asignaciones seguirían calculándose sobre esa base trienal.

Uno de los objetivos centrales es proteger los segmentos de mayor valor del negocio —carne enfriada y cortes premium tanto de animales grassfed como grainfed— y evitar que la cuota se “desperdicie” en productos de bajo valor, como recortes o huesos. Bajo este sistema, las cuotas serían transferibles entre establecimientos, permitiendo que quienes tradicionalmente exportan productos de menor valor puedan vender su cupo a operadores enfocados en carne de mayor calidad, recibiendo una compensación económica por ello.

Quilty advierte que, sin este tipo de administración, el impacto negativo sobre los precios del ganado y de la carne podría ser significativo. El esquema permitiría, en cambio, mantener una presencia continua de carne australiana en China durante todo el año, justo en un contexto en el que otros grandes proveedores probablemente agoten rápidamente sus cupos y abandonen el mercado, generando una suba de los precios internos chinos hacia la segunda mitad del año.

La industria australiana ya tiene antecedentes de esquemas similares, tanto en el mercado estadounidense como en Corea del Sur, en los que la gestión de cuotas permitió ordenar el comercio y dar estabilidad a los precios. Según Quilty, la urgencia ahora es alta: cuanto más se demore la implementación, mayor será el daño al posicionamiento de la carne australiana en un mercado estratégico como el chino.

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