El entore “es una época del año fundamental, donde gran parte del resultado de las empresas criadoras se juega en lograr el mayor número de preñeces posible y, sobre todo, preñeces tempranas y de calidad”, dijo el doctor Germán Álvarez, integrante del Instituto Plan Agropecuario. En este escenario, el estrés calórico durante el verano tiene impactos negativos en la producción de terneros.

Álvarez subrayó que las preñeces tempranas tienen un impacto directo en el sistema productivo, ya que se traducen luego en mayores kilos de ternero al destete y mejores indicadores económicos. Por eso insistió en la necesidad de un manejo activo durante todo el período de servicio, con recorridas frecuentes y observación permanente del rodeo. “El trabajo correcto durante el entore implica monitorear toros y hembras, identificar fallas y corregirlas a tiempo para que la preñez se vea lo mínimo afectada”, explicó.

En ese monitoreo, el rol del toro es central. Una falla en un reproductor no significa una vaca menos preñada, sino que “cuando es un toro el que falla, eso se puede traducir en 30 o 40 terneros menos”, advirtió.

El estrés calórico

Dentro de los factores que hoy generan mayor preocupación, Álvarez afirmó que “el estrés calórico tiene consecuencias directas sobre la reproducción del rodeo”. En particular, durante el verano y en pleno entore, las altas temperaturas combinadas con elevada humedad representan un riesgo concreto para el desempeño productivo y reproductivo de los animales.

El técnico explicó que temperaturas promedio superiores a los 25 grados, junto con humedades relativas por encima del 70%, ya configuran un escenario de estrés térmico para los vacunos. Ese estrés provoca, en primera instancia, una caída en el consumo y menores ganancias de peso, pero sus efectos no se detienen allí. “Ese estrés calórico muchas veces también puede generar pérdidas desde el punto de vista reproductivo, como reabsorciones o pérdidas embrionarias”, advirtió.

Por ese motivo, insistió en la necesidad de asegurar sombra suficiente, acceso permanente a agua en cantidad y calidad, y un manejo cuidadoso de los animales. “Todo el manejo que implique manga o corral debería realizarse en las horas de menor impacto, evitando los momentos más críticos del día”, señaló, remarcando que el estrés calórico afecta tanto a animales en invernada como a rodeos de cría en plena temporada de servicio.

Diagnóstico ovárico y decisiones a mitad del entore

Otra herramienta clave destacada por Álvarez es el diagnóstico de actividad ovárica, una práctica de bajo costo y alto impacto, recomendada especialmente a mitad del entore. “Es una fotografía interna del rodeo que nos permite saber qué vientres están ciclando y cuáles no”, explicó, a partir de ecografías que permiten clasificar a las vacas según su estado reproductivo.

Ese diagnóstico permite identificar animales ya preñados, vientres ciclando y aquellos que se encuentran en anestro superficial o anestro profundo. En los casos de anestro superficial, sobre todo en vacas con condición corporal entre 3,5 y 4, medidas como el destete temporario suelen dar muy buenos resultados. “Son medidas no tan drásticas que permiten reiniciar la ciclicidad y lograr la preñez dentro del entore”, señaló.

Más compleja es la situación de los vientres en anestro profundo, muchas veces asociados a bajo estado corporal o a vacas de segundo entore. Allí, Álvarez explicó que “muchas veces hay que recurrir a medidas más drásticas, como el destete precoz, para lograr un impacto rápido sobre el estado corporal y la actividad ovárica”. La clave, insistió, es actuar a tiempo y no esperar al final del servicio, cuando las posibilidades de corrección son mucho menores.

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