Por Alfredo Lago 

En la columna anterior, del 7 de diciembre pasado, expresé los motivos por los cuales el sector arrocero uruguayo está atravesando un ciclo adverso. Relaté las variables del negocio arrocero que aplican a nuestra ecuación económica y porque la gravedad de estas estarían jaqueando la continuidad de una importante y eficiente actividad productiva del país.

Queda claro que la causa principal, de más impacto negativo en este ciclo adverso, es el valor del arroz en el mercado internacional. Esta razón exógena está ocasionando, por ahora los inicios, de una profunda crisis en los arroceros uruguayos.

 

El Uruguay es uno de los 10 mayores exportadores mundiales de arroz, entre 7º y 8º lugar, pero no incide con sus acciones en la formación del precio mundial del arroz.

 

El factor determinante que revierte este ciclo adverso es el mismo que lo causa: el clima. Buenos Monzones en Asia, mucho arroz, Monzones irregulares, poco arroz. Por tanto, no solo es exógeno, sino que y fundamentalmente, depende de la Madre Naturaleza.

 

¿El arroz uruguayo en jaque?

 

Podemos sí, agregar como factor secundario los fenómenos bélicos, de hecho, guerras que la humanidad enfrenta de forma continua en el tiempo. Desde esta región del mundo alejada de estas lamentables atrocidades, vemos dos enfrentamiento entre países que podrían incidir en los precios mundiales del arroz.

Uno, los frecuentes chisporroteos entre India y Pakistán por el dominio de Cachemira, que hace poco estuvo más álgido; el otro es la escalada reciente entre Tailandia y Camboya. Creo, tanto como deseo, que esto no se concrete como causa, y que prevalezca la paz.  

Pero vayamos a buscar la respuesta a la segunda pregunta, la propia de esta columna.

El arrocero uruguayo es resiliente por naturaleza, motivado por ello y con casi 4 décadas de cultivador de arroz, donde he tenido que vivir varias crisis de estos recurrentes ciclos adversos que ha enfrentado el sector, y sin resignarme porque esta pueda ser la peor, hoy buscaré compartir mi visión sobre qué acciones endógenas pueden ser practicadas directamente por la cadena arrocera del Uruguay, productores e industria, como también por otros actores que interactúan con el sector.

 

Una suma de acciones que deberíamos implementar para que logremos evadir el “jaque”, que hoy, nos tiene acorralado.

Iniciaré detallando las acciones que debemos generar y/o profundizar en algunos casos, desde y con la investigación. Los mismos no son de aplicación inmediata, porque la ciencia requiere de otros tiempos.

 

Como comenté algo en columna anterior, es profunda la discusión sobre los alimentos y su relación con la salud humana, vaya esto importante para nosotros por ser el arroz un producto básicamente para la alimentación humana.

 

Hoy vemos que se está dando una revisión a la actual “pirámide alimenticia”, entre otras, un fuerte cuestionamiento a los carbohidratos, lo que estaría afectando al consumo de arroz.

 

Por otro lado, atendiendo a un grave problema en la salud humana, es la búsqueda de controlar la diabetes. Importante enfermedad crónica que padecen muchísimas personas en el mundo. Con esto, está siendo cuestionado también el consumo de arroz. Por cierto, no es un producto que por si solo sea el causante de esta enfermedad, pero entiendo que debemos atender a estas objeciones que está recibiendo nuestro cereal.

 

Por ello es necesario avanzar con el Programa Arroz de INIA, especialmente con Mejoramiento Genético, en nuevos cultivares con bajo IG (índice de glicemia). Se trataría de realizar cruzamientos con variedades ya identificadas con esta importante característica.

 

El año pasado estuve en el IRRI (Centro Internacional de Investigación de Arroz) en Filipinas, donde pude apreciar el desarrollo en esas líneas de investigación, inclusive ya con variedades de arroces prontas para consumo, por supuesto, sin afectación a las propiedades propias de este exquisito grano. Posterior a ese viaje planteé el tema al FLAR (Fondo Latinoamericano de Arroz de Riego) con base en el CIAT en Cali, Colombia, institución que tuve el honor de presidir, quienes me comunicaron que tienen identificados y disponibles los materiales para generar los cruzamientos, recordar que el FLAR es una de las fuentes de progenitores del Programa de mejoramiento de INIA en 33.

 

Estoy seguro de que dar estos pasos hacia las variedades que atiendan estas exigencias, es la forma de mantenerlos en la vanguardia de la calidad del arroz, ahora con otros paradigmas. Esto, la excelencia en calidad e inocuidad de grano es lo que históricamente nos ha diferenciado de nuestros competidores.

Ahora, más a la interna, como productor: ¿Qué puedo y debo hacer?

Es conocida nuestra alta productividad, factor este que ha generado el reconocimiento tanto nacional, como internacional. Pero el cultivador, en su chacra, sabe muy bien de sus potenciales, conoce a la perfección como y donde alcanzar los más altos resultados. Es ahí, donde hoy deben estar apuntadas las acciones. Priorizando y aplicando las tecnologías probadas de altos rendimientos y utilizar únicamente las parcelas que capitalicen en toda su dimensión las técnicas aplicadas, para que, con ello, el resultado productivo, los kilos por hectárea, sean en toda el área, la de máxima.

 

Todos conocemos nuestra variabilidad entre las zonas de una chacra, por ello, se debe lograr en todas, el mayor rendimiento. Esto seguramente se alcance con un ajuste en la superficie sembrada, no cultivando las parcelas de menor rendimiento.

 

Otra acción tiene que ver con los costos de producción, por cierto, no es mucha la capacidad e incidencia del productor en la determinación general de los gastos para llevar adelante nuestra chacra de arroz; somos tomadores de precio de maquinaria, de intereses, de los insumos y de las energías, capacidad limitada en la formación del valor de los servicios y del costo de la mano de obra, también ha perdido protagonismo en el valor de los arrendamientos, visto la aparición de otros sectores pujando por la tierra, aunque se mantiene en producto, lo que es neutro para el productor a los avatares de los precios del arroz. Pero toda decisión sobre las erogaciones debe ser muy analizada y a fondo.

Inversiones, en lo posible suspenderlas, en todo caso, únicamente las imprescindibles, si para mantener el área necesito incorporar maquinaria, es preferible bajar el área y hacerla con el parque que tenemos.

Parcelas que de por sí, son más costosas, o bien, por ser de mayor valor de arrendamiento, o bien, por distancia, por estar alejadas del núcleo de mi cultivo, o por mayor lejanía del punto de recibo, o bien, porque para irrigarla debo operar otra estación de bombeo, o bien, requiere mayor aplicación de insumos, o bien, necesita mayor uso de mano de obra; no deberían ser cultivadas. De nuevo aquí, es preferible eliminar estas áreas, aunque esto lleve también a menor superficie de siembra.

Se deduce por lo expuesto, que la aplicación de estas acciones llevará a una disminución significativa de la superficie del cultivo de arroz en nuestro país, las que se suman a decisiones más “radicales” que tomen o impacten en los cultivadores, algunas de propia voluntad, y otras que terminan siendo impuestas por terceros, dada la gravedad de su situación, que es el cese de la actividad. Lo que llevaría una caída importante en el tamaño del sector arrocero uruguayo.

El otro eslabón de la cadena, la industria arrocera: ¿Qué puede y debería hacer?

La cadena arrocera del Uruguay es una integración casi perfecta. Donde ambos eslabones buscamos un mismo fin: generar el mayor valor para el sector a través de este “encadenamiento” y distribuirlo entre productor e industria de forma justa y equitativa. Relación esta, que atiende al 75% del arroz uruguayo, se conoce como: Sistema de Precio Convenio, el restante cuarto, se maneja de forma independiente, en una especie de “mercado spot”.

 

El cultivador hace lo suyo, proveer a la industria el mayor volumen posible con la máxima calidad de grano.

La industria a su vez recibe ese grano, mantiene esa calidad superior en su procesamiento y la exporta en su totalidad dentro del ejercicio comercial, del 1º de marzo al 28 de febrero, al mayor valor que pueda obtener.

Ahora bien, el éxito y/o fracaso del accionar de los molinos de arroz incide directamente en el ingreso al productor de arroz, porque siempre, como en toda actividad agroindustrial, lo que recibe el productor es el valor residual de la actividad realizada por la industria. Valor de venta, menos costos industriales (de procesamiento de la materia prima, de gestión, financiero, comerciales, etc.), restando la utilidad industrial y lo que resulta, es el precio que recibe el remitente de la materia prima, en este caso hablamos de arroz.

 

Por ello la suprema importancia que cada una de estas acciones de los molinos, sean realizadas a la perfección. Estoy convencido que todos ellos buscan eso mismo, hacer todo para que el resultado al productor sea el mejor. Pero tambien tengo certeza, que siempre se puede hacerlo mejor.

 

Importa y mucho, que la estrategia de ventas, como ya dije, 95% para exportación, sea la adecuada para captar los mejores negocios a lo largo del ejercicio comercial. Uruguay tiene una cartera de cliente en mas de 60 países, anualmente atiende alrededor de 40 destinos. Vaya importancia entonces, los acuerdos comerciales del Uruguay, que lamentablemente no son muchos. Por ello, como dato a tener en cuenta, el pago de aranceles en destino afecta el ingreso del productor.

 

Los gastos que incurren las industrias en todo el proceso, de almacenaje, elaboración y exportación del arroz, en este sistema integrado, son deducidos integralmente de los valores que recibirá el cultivador.

Es entonces, la necesidad de una gestión de máxima eficiencia a la hora de las decisiones que hacen a este proceso por parte de los molinos. Ha sido este el punto de profundo análisis y cuestionamientos por parte de la ACA en las negociaciones de precio.

Erogaciones cotidianas deben estar totalmente ajustadas a las reales necesidades para llevar adelante el procesamiento del arroz, pero adicional a esto, urge un análisis profundo de la estructuración de cada uno de estos molinos. No es posible mantener instalaciones ociosas y/o obsoletas o sin aplicación de las nuevas tecnologías, como lo es la robotización de los procesos, buscando con ello disminuir el costo laboral. 

 

La ociosidad en el equipamiento industrial se da básicamente por 2 factores; uno, es la disminución de volumen de arroz que reciben los molinos, esto, directamente relacionado con el área de cultivo, seguro, como vimos, será de caída; otra, que se viene dando hace aproximadamente una década, es la creciente exportación de “arroz cascara”, que es la modalidad de venta de arroz sin proceso industrial, únicamente retirando la humedad del grano.

 

Esta modalidad de negocios ha aumentado de la mano de los destinos centroamericanos y México, es un tipo de exportación que seguirá creciendo; esta zafra deberá alcanzar un 30% de todas las ventas. A raíz de esto, es impracticable mantener una estructura industrial armada de otro tiempo, donde se elaboraba todo el arroz recibido, siendo que ahora, ya no es asi; la continuidad de costos aliados a un volumen que ya no está para diluirlo, deteriora sin dudas, el precio del arroz. Es necesario los cambios necesarios que atiendan a este escenario, de lo contrario, seguirá incidiendo negativamente en el precio residual al productor.

 

Otra acción necesaria por la industria es la revisión de la conformación de precio al productor de la “variedades especiales”. Estas son los otros tipos de grano que producimos y no componen el “Precio Convenio”, son ellos: los granos aromáticos, medios, cortos y largos anchos, que tienen un valor de exportación muy por encima de los mayoritarios granos largos finos, pero los molinos no repasan al cultivador la totalidad de los beneficios económicos que estos generan, obteniendo con ello, una importante utilidad adicional.

 

Desde la crisis bancaria del 2002, con las posteriores restricciones crediticias de los bancos, la industria pasó a financiar mas de la mitad de los productores, al principio fue una acción bienvenida, necesaria vista la realidad de aquel momento, pero esto, se ha transformado en otro buen negocio para los molinos arroceros, dada la tasa de interés mayor a la de bancos de plaza y superior al que estos captan para luego prestar a los arroceros, inclusive en ese proceso logran beneficios adicionales cuando el aporte financiero no es solo dinero, sino insumos que también venden financiados, capitalizando algún beneficio.

 

Parece lógico, que la industria ajuste sus tasas de interés y comisiones de los financiamientos.

Estoy convencido que, si la industria no inicia y rápidamente un proceso de acciones en línea con las arriba descriptas, entre otros más que ellos ya tengan identificados, seguramente la crisis arrocera será aún más profunda. Es hora de poner en práctica, en hechos reales el compromiso que la industria continuamente manifiesta tener con los productores arroceros del Uruguay.

En próxima columna, siguiendo con el tema, analizaré: las posibilidades de otros destinos para el arroz, como lo es la alimentación animal, con mayor detalle las implicancias de las políticas públicas del Uruguay y su incidencia en el sector arrocero y expresaré en base a ello, las acciones necesarias del Estado uruguayo, en particular las del gobierno hacia el sector como forma de mitigar el “jaque” que nos encontramos. Vaya que hay responsabilidad de esto en nuestras dificultades actuales.

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