
La colza vuelve a posicionarse como una de las principales apuestas agrícolas para el invierno uruguayo. Con precios atractivos, luego de un verano complejo para los cultivos de verano, el interés por ampliar el área vuelve a incrementarse.
En este contexto, desde el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA) alertan que un crecimiento acelerado y sin planificación puede derivar en problemas agronómicos severos y pérdidas económicas.
El ingeniero agrónomo Sebastián Mazzilli, director del Sistema Agrícola Ganadero de INIA, señaló que el cultivo mantiene “una trayectoria ascendente desde 2010”, aunque con una marcada variabilidad de área entre campañas. Detrás de esos altibajos aparecen factores comerciales, climáticos y, sobre todo, errores de manejo que siguen condicionando la estabilidad del cultivo.
“El Excel da muy bien para hacer colza y el área va a crecer”, sostuvo el técnico, aunque inmediatamente advirtió que existen “varios puntos a tener en cuenta para no errarle y para hacer buenos cultivos”.
Riesgos agronómicos
Mazzilli recordó que la colza intentó expandirse en Uruguay desde la década del 90, aunque durante muchos años chocó con limitantes comerciales y productivas. Según explicó, desde 2010 “hay un mercado, donde ALUR ayudó a desarrollarlo y después los exportadores tomaron el cultivo. Hoy todos los años se puede exportar, las reglas son claras y casi todo va a Europa”, indicó.
No obstante, remarcó que el acceso a esos mercados exige cumplir estrictamente determinadas condiciones de calidad.
“Hay que tener algunos cuidados para llegar con el grano sin residuos, que es la principal limitante, y eso viene funcionando bien”, afirmó.
Para el investigador, “algunos crecimientos de área descontrolados generaron que productores probaran y después se fueran del cultivo”. A su juicio, el escenario actual reúne nuevamente varios ingredientes que pueden llevar a repetir esa situación, debido a precios atractivos para la colza, cereales con menor rentabilidad y una campaña de verano complicada.
Evitar colza sobre colza
Entre los principales cuidados agronómicos, Mazzilli señaló la necesidad de evitar repetir brassicas en la misma chacra en períodos cortos.
“Lo primero es evitar colza sobre colza. Si se hizo colza el año pasado habría que dejar al menos dos años entre brassicas”, explicó.
La recomendación incluye no solo colza canola tradicional, sino también otros cultivos de la misma familia como carinata y camelina.
El técnico sostuvo que esta limitante impide un crecimiento indiscriminado del área y obliga a planificar las rotaciones con mayor criterio agronómico. Sin embargo, aclaró que todavía existe margen para expandir la superficie nacional sin caer en errores de repetición.
“Hace un tiempo hicimos un trabajo para estimar cuánta área de colza se podría hacer de forma continua en el litoral oeste sin repetir cultivo, y ahí puede haber entre 350.000 y 400.000 hectáreas”, explicó.
De todos modos, advirtió que la presión por aumentar superficie ya ha llevado a malas decisiones productivas. “Cuando uno mira los datos, hubo años donde un 4% del área fue sobre colza. Es una práctica que claramente es un error agronómico grande porque nos expone a mucho riesgo de enfermedades y problemas que no se arreglan con fungicidas”.
Herbicidas residuales
Uno de los aspectos sobre los que el investigador puso mayor énfasis fue el riesgo creciente asociado a los residuos de herbicidas en el suelo, especialmente luego de un año seco y con fuerte presión de malezas resistentes. “No lo estamos teniendo en cuenta. Tenemos malezas resistentes, cada vez aplicamos más mezclas y productos que demoran más tiempo en el suelo. Las brassicas en particular son muy susceptibles a residuos de herbicidas”, alertó.
Según explicó, la falta de lluvias durante buena parte del ciclo anterior impidió que muchos principios activos se degradaran normalmente.
“Aplicamos muchos herbicidas y no llovió en el período, entonces no hubo condiciones para que eso se degradara en el suelo”, señaló.
Incluso comentó que durante las recorridas técnicas observaron chacras prácticamente limpias de malezas antes de las últimas precipitaciones, algo que interpretó como una señal de persistencia de los productos aplicados. “Uno recorría muchas chacras y había muy pocas malezas. Eso indicaba que los herbicidas estaban funcionando”, expresó.
Frente a este escenario, INIA elaboró una guía técnica con recomendaciones específicas para evaluar el riesgo antes de sembrar colza. “Lo que estamos recomendando es tomar los primeros centímetros de suelo y sembrar colza en una maceta, comparando contra un suelo sin herbicida. Si el tallo se engrosa, las hojas se deforman o el cultivo emerge mal, ahí hay un problema”, explicó.
El técnico advirtió que los daños por residuos pueden confundirse fácilmente con problemas nutricionales, generando decisiones equivocadas de manejo. “Muchas veces el productor termina queriendo arreglar con fertilización un cultivo que en realidad está intoxicado por herbicidas. Entonces fertilizamos con baja eficiencia porque el problema no es falta de nutrientes, sino el efecto residual en el suelo”, afirmó.
